Me quedaría allí sentado viendo como cocinas toda la vida. La manera en que tienes de desconectar y a la vez pensar en todo que te caracteriza. Te pregunto en qué piensas, en nada, contestas, y sonríes. Pienso que todo va bien, y me relajo, una cosa totalmente inalcanzable para mi desde hacía, mucho, mucho tiempo. Los demonios poco a poco han decidido marcharse de mi cuerpo para dejar un ente despejado, relajado y positivo que se parece algo a mí. La capa de fuerza se ha ido, y ya me había cansado de tener la cara de enfadado, para poder mirarte con mis ojos inocentes, porque juro que lo son. Y aunque nadie me crea, siempre fueron así.
Cada vez que me despierto en la noche y te veo tan inocente con esos dientes de conejo asomar entre una boca que deja escapar inquietantes ronquidos, sonrío y pienso que el futuro a tu lado será sencillo, tranquilo y divertido, coloco mi enorme brazo cogiéndote y vuelvo a dormirme como un bebé en una tranquila noche después de darse un baño relajado con agua tibia. Después despierto sobresaltado con un abalanzamiento furtivo con un beso como destino para despertar con lo mejor que tiene la vida, y eso es el afecto, eso tan raro y que tanta falta me hacía para relajar mi enorme corazón, y tú muy bien supiste darme.
Como el llegar cansado y frío a casa a unas horas raras, y tú siempre tienes ese sitio para mi, de tu calor y tu olor tan característico , para automáticamente olvidar toda la mierda que hay fuera de esa puerta y teleteasportsrme a la relajación más absoluta, y a las curas más instantáneas.
Como cuando el estar al borde de ataque de ansiedad y tus palabras mágicas de “ven que te cojo” y yo voy como los osos a la miel, para poder sentir lo que es ser querido, tan real y tan sinceramente como tú lo haces.
Hay tantas cosas que me gustan de ti, y hay tantas cosas que haces para que mejore que tendría que estar escribiendo más de toda la noche, pero como tenemos toda una vida, mejor te voy contando poco a poco.
lunes, 19 de noviembre de 2018
miércoles, 1 de agosto de 2018
1 de agosto de 2018, marca el paso del año, en una fiesta social de la que casi nunca puedo disfrutar y eso me suele afectar de sobremanera. Reconozco cuando tienes un mal día, porque tú enorme cabeza siempre cae y se ladea a tu lado izquierdo, en un mal intento en aparentar que todo el ecosistema que te rodea no te afecte.
¿Como se mide la frustración? ¿Que medida utiliza? Todo era más fácil en matemáticas para dar un valor exacto a las cosas, aquí solo se mide en la manera y fuerza de apretar los dientes para describir la manera en que te pierdes la vida pasar por delante de tus ojos. La cabeza encima del volante y el corazón a cientos de kilómetros , para nombrar al ente que día tras día se pasa, programado cual robot, pasando montañas y llanuras una tras otra sin que lleguen a acabarse.
Hoy la autodestrucción me abraza, porque jamás entendí porque la decepción y la tristeza siempre desembocan en eso. En querer hacerme daño, en el que mi cabeza se sube a aquella montaña rusa de la que siempre tuve miedo, a ese vértigo que siempre me aterró , pero que siempre quise probar, como cuando te entran esas ganas de saltar para ver qué se siente en el aire aunque sepas que después te vas a matar.
Jamás te fíes de un tipo duro con corazón de cristal, pues estaremos tanto tiempo intentando estar enfadados e intentado descifrar porque la gente se comporta de determinada manera que dejamos de lado controlar nuestros propios instintos y nuestra forma en la que nos hace sentir las cosas.
Aún sigo intentando no tocar las juntas de las baldosas como hacíamos cuando éramos niños, como también bajar la mirada cuando algo nos da vergüenza.
Tan hipondriaco como su anchura, con el miedo a morir tan presente a todas horas, que aún cuando camino por debajo de la cornisa de un edificio me fijo si está agrietada para no estar en peligro.
Llevo tanto sin escribir que no se ni por donde me vienen los tiros, supongo que me he olvidado de sentir, o simplemente que el estar frustrado y/o enfado es lo que me da el paso a hacer tonterías. Quizá un poco de todo, como cuando voy a un buffet libre y luego me pillo una indigestión, pues aquí después me da vergüenza por parez débil ante el personal que lo lee.
Expresarse no debería de ser delito, como tampoco debería serlo asesinar a un asesino. Pero hay gente que prefiere tragar y luego explota. Traga de una vida entera que me pase y ahora me salió la barriga que tengo, como me dijeron hoy, de camionero.
Mañana todo volverá a la normalidad, porque no hay más medicación y a la vez más placebo que planchar la oreja en días malos, soñar con cosas extremadamente raras, despertarse mañana, ver barcos, ver la gente tranquilamente trabajar o pasear, viendo que no pasa nada, que la vida sigue, fijando tu mirada en una planta y ver que siempre se puede seguir sin sentir nada malo.
Es increíble el poder de la música en un camión a toda ostia, es como escoger una careta por la mañana, tú decides que ponerte y mañana me haré una sesión de hardcore de grupos que no conoce ni su puta madre y pegaré unas voces de loco, de acostumbrarse a pasar la vida solo, de insultar a otros conductores y todo volverá a la normalidad y ya quedará un día menos para volver a casa y disfrutar al máximo como siempre hago.
El verano y la distancia duelen por eso cada vez me gustan menos y más disfruto de los inviernos, de los días cortos y del sofá y la manta. Y la cerveza, de esa gracias a dios disfruto todos y cada uno de los días
.
Según dicen, la alegria viene con los primeros rayos de sol de la mañana, así que voy a sentarme a ver un nuevo amanecer.
¿Como se mide la frustración? ¿Que medida utiliza? Todo era más fácil en matemáticas para dar un valor exacto a las cosas, aquí solo se mide en la manera y fuerza de apretar los dientes para describir la manera en que te pierdes la vida pasar por delante de tus ojos. La cabeza encima del volante y el corazón a cientos de kilómetros , para nombrar al ente que día tras día se pasa, programado cual robot, pasando montañas y llanuras una tras otra sin que lleguen a acabarse.
Hoy la autodestrucción me abraza, porque jamás entendí porque la decepción y la tristeza siempre desembocan en eso. En querer hacerme daño, en el que mi cabeza se sube a aquella montaña rusa de la que siempre tuve miedo, a ese vértigo que siempre me aterró , pero que siempre quise probar, como cuando te entran esas ganas de saltar para ver qué se siente en el aire aunque sepas que después te vas a matar.
Jamás te fíes de un tipo duro con corazón de cristal, pues estaremos tanto tiempo intentando estar enfadados e intentado descifrar porque la gente se comporta de determinada manera que dejamos de lado controlar nuestros propios instintos y nuestra forma en la que nos hace sentir las cosas.
Aún sigo intentando no tocar las juntas de las baldosas como hacíamos cuando éramos niños, como también bajar la mirada cuando algo nos da vergüenza.
Tan hipondriaco como su anchura, con el miedo a morir tan presente a todas horas, que aún cuando camino por debajo de la cornisa de un edificio me fijo si está agrietada para no estar en peligro.
Llevo tanto sin escribir que no se ni por donde me vienen los tiros, supongo que me he olvidado de sentir, o simplemente que el estar frustrado y/o enfado es lo que me da el paso a hacer tonterías. Quizá un poco de todo, como cuando voy a un buffet libre y luego me pillo una indigestión, pues aquí después me da vergüenza por parez débil ante el personal que lo lee.
Expresarse no debería de ser delito, como tampoco debería serlo asesinar a un asesino. Pero hay gente que prefiere tragar y luego explota. Traga de una vida entera que me pase y ahora me salió la barriga que tengo, como me dijeron hoy, de camionero.
Mañana todo volverá a la normalidad, porque no hay más medicación y a la vez más placebo que planchar la oreja en días malos, soñar con cosas extremadamente raras, despertarse mañana, ver barcos, ver la gente tranquilamente trabajar o pasear, viendo que no pasa nada, que la vida sigue, fijando tu mirada en una planta y ver que siempre se puede seguir sin sentir nada malo.
Es increíble el poder de la música en un camión a toda ostia, es como escoger una careta por la mañana, tú decides que ponerte y mañana me haré una sesión de hardcore de grupos que no conoce ni su puta madre y pegaré unas voces de loco, de acostumbrarse a pasar la vida solo, de insultar a otros conductores y todo volverá a la normalidad y ya quedará un día menos para volver a casa y disfrutar al máximo como siempre hago.
El verano y la distancia duelen por eso cada vez me gustan menos y más disfruto de los inviernos, de los días cortos y del sofá y la manta. Y la cerveza, de esa gracias a dios disfruto todos y cada uno de los días
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Según dicen, la alegria viene con los primeros rayos de sol de la mañana, así que voy a sentarme a ver un nuevo amanecer.
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