domingo, 10 de enero de 2016

¿Qué son para tí los domingos?

Siempre me gustó mucho esta foto, al igual todos los domingo que podía haber dentro del calendario.
Por aquí va todo más o menos bien. 
Los domingos me hace recapacitar sobre todo lo que hice y despejar un poco la mente.
Día de reposo por excelencia, día de zapatillas y parecer un viejo deambulando por ahí, con un vaso de agua y ojos rojos.
Día de mirar el teléfono y asegurarse de que no publicas ninguna tontería de pedo.
La cabeza poco a poco se va poniendo en orden, al menos hoy, mañana me cagaré en todo lo cagable, pero hoy quiero creer que me encuentro un poco más sano, y despejado, dentro de la gran resaca que se puede tener.
Fregar platos me relaja, como todo un marujo.
Creo que ya no siento demasiada ira, y la tristeza poco a poco se va despejando para dejar una mente clara, para pensar decentemente. 
Echo de menos las excursiones de domingo, y los gorros bonitos, y la comida callejera. Aunque las pizzas del diañu me hacen olvidar esas penas superficiales.
Hoy le he dicho a alguien "La gente te dirá que el tiempo todo lo cura, los querrás mandar a la mierda, pero al final tendrán razón."
Y creo que todo es cierto, como mi padre, que me da consejos fáciles cuando estoy cegado de una manera de pensar irracional y el gran consejo que me dió es sencillo. 
"Intenta tirar toda la mierda hacia abajo, y piensa como si un gran amigo estuviera en la misma situación que tú, ¿Qué le dirías?."
Y tiene toda la razón, los consejos de la gente cercana, ajenas a todas tus problemas son las ideas con más claridad.
Por desgracia somos gente totalmente irracional, y no podemos pensar de una manera racional ante un problema.
Y creo que eso es lo que más me gusta del ser humano.
Pegarse ostias gracias al corazón es algo que nadie quiere pasar, pero que si no, sería todo demasiado aburrido.
Así que todos esos consejos, que sean cuando algo haga daño, pero mientras tanto, que les follen y haz caso al corazón siempre, paracaídas para cuando te tiras siempre hay, así que salta.
No tengas miedo a abrirle a puerta al corazón si quiere salir, sino todo te hará daño como a mí, aunque empiezo a creer que tengo demasiado y se agolpa todo y un día saldrá de golpe.
Hoy ver caer la lluvia desde la barrera me relaja, y después de tomar 5 vermutazos de resaca no me apetece tomar cerveza.
El bar cada día me hace sentir más a salvo, y cada vez paso más del teléfono, y creo que eso sienta bastante bien.
Ayer salimos a bailar (hacer el ridículo al menos por mi parte) con la gente de siempre y las ideas se fueron poco a poco despejando.
La risa y la cerveza son la mejor medicina con la gente buena, que por suerte o por desgracia tienen que aguantarte a diario.
Ver a gente que lleva enamorada años el uno del otro me hace sentir bien, y me sigue dando la misma vergüenza de siempre mirar a los ojos a una desconocida.
Ver a los niños correr al vermouth mientras gritan "Mami, mami" me hacen sentir humano después de superar la capa de hojalata.
Echo mucho de menos el sentimiento de ir de la mano por la calle con la hija de una gran amiga, era amor instantáneo, mi pedazo de brazo tatuado cogido de una mano enana, que no queria soltarse, me hacía sentirme feliz y sentir toda esa fuerza que supongo que notarán los padres, que hace querer matar a todo el mundo que le haga daño.
Me hizo sentir fuerte a mi mismo, me hizo olvidar todo lo malo que tiene la vida, y darme cuenta de que seguro que en un futuro alguien no querrá soltarse de mi mano.
Mientras tanto espero, miro a la nada, y me imagino un final bonito para todo esto, porque creo que esta película no va a acabar mal, y creo que hoy es el momento de volver a empezar, y volver a creer en todo lo bueno que hay, y lo que queda por conocer, porque seguro que algo bueno viene, y aunque no sea alguien, pueden ser 8 euros en la primitiva.
Espero que aprovecheis los domingos tan bien como hago y hacía, pues son maneras de volver a empezar cada semana, de salir a la calle y disfrutar, o quedarse en casa y reponer todas las fuerzas, como el juego de los Sims. 

jueves, 7 de enero de 2016

Ojalá, y simplemente ojalá.




Ójala, y simplemente ójala, despertar fuera tan sencillo cómo hoy.
No me acuerdo que había soñado, pero seguro que algo relajado, pues el tránsito del sueño a la guerra ha sido de lo más placentero, cual parto en un jacuzzi aunque sea una puta cerdada.
Llueve demasiado fuera, el viento poco a poco se va aburriendo de dar la bara, no como Matías Prats en el anuncio de tener los 15 puntos.
Hace frío, pero la calefacción lo compensa con algo de calor para buscar la temperatura ideal. Café sobre la mesa, en la taza de Ac/Dc , cómo si no. 
No se escucha nada, simplemente el silencio, y jamás pensé que podría relajarme así de bien. He salido de la guerra y ahora la soledad en momentos como este me ayuda a recomponer el puzzle poco a poco, y darme cuenta que es realmente lo que quiero hacer para que todo vuelva a la normalidad.
Hoy se ha acabado toda la navidad, la que tanto adoro, la que hacía falta que todo el mundo supiera aprovechar, dejarse de pollas de negros por el teléfono, y dar besos y abrazos a la gente cercana.
Creais o no en dios me tira de los cojones, pero al menos utilizarlo de excusa para hacer buenas obras y no para machacar el estómago y el hígado. Tener regalos nos gusta a todos y no es sano quejarse por todo lo que hace la gente hace en navidad. 
Que el Corte Inglés se haga de oro con todo esto o no me suda la polla, me vale infinitamente más ver la cara de alguien a la que le regalo algo, que cuatro se hagan millonarios a mi costa.
Han sido puede, que a pesar de todo, las mejores navidades que he pasado nunca. De dos semanas solo he trabajado 6 días, y el resto me lo he pasado entre familia, comida, amigos, tranquilidad y cerveza.
A medida que pasa el tiempo me doy cuenta de los padres tan grandes que tengo, y cada día me doy más cuenta, que ójala, y simplemente ojalá, ser como ellos algún día, que algún hijo mío sienta lo mismo que yo al verlos a ellos.
No entender de fotos con el móvil, ni estados de Facebook, en sus ojos se veía que estaban apretando los puños, para recordar el momento que estaban viviendo. Como al verme les brillaban los ojos, y al llegar a casa decían que fueran sus mejores navidades, para poder vivirla de esta manera, a golpe de cerveza, sonrisas y afecto mutuo.
Y hoy y siempre quiero quedarme con todo eso, que es lo que realidad importa en la vida, esos momentos que nos hacen sentir fuertes, nos hacen apretar los dientes y hacerse fuerte para todo lo que pueda ocurrir más adelante, y también para darte cuenta de lo que tiene la vida de bueno. Todo ese tipos de cosa que estamos perdiendo.
Veo otras familias y todas están tomando algo, sin hablar, con el teléfono en la mano, incluso la gente mayor, y cada día me da más asco todo, y cada día me alegro de ser así, chapao a la antigua, pero en cosas como esas, y aunque yo mismo sea pesado en las redes sociales, aún se distinguir los momentos en los que pueden utilizarse.
La vida es demasiado corta para perder momentos únicos de afecto y cariño.
Y ahora se acaba el oasis de respiro y nos queda seguir cruzando el desierto, hasta que otra pausa venga para poder volver a tener tiempo para uno mismo, vuelta a la batalla diaria, vuelta a la rutina que tantas veces me mantuvo distraído, pero que hoy quiero olvidar.
Ojalá, y simplemente ojalá todo esto para decir, que el mundo se esta volviendo demasiado loco y lo que nos hace falta es simplemente todo eso en estas épocas de mierda y asco. 
El Facebook no te creó, Whatsapp no te llevo en la barriga 9 meses, Twitter no te dió de comer, Instagram no pago tu ropa, ni Snapchat tus estudios. Ellos no quieren tu afecto, pero tu familia sí.

domingo, 3 de enero de 2016

Crónica de una muerte anunciada.



Siempre queriendo ir un poco más allá de lo normal, y siempre vuelvo a ser el mismo. Cada vez más insimismado en uno mismo, cada vez más cerrado que la caja fuerte de Bill Gates. 
Sé, que tengo un montón de cosas que ofrecer a alguien, pero no se como empezar. Hay una especie de cortafuegos que no me deja avanzar, ni siquiera me deja abrirme a nadie. Y cuando quiero relacionarme con alguien, parezco un puto elefante en una cristalería. 
Nunca llegué a imaginar que estar solo. Psicologicamente hablando sería tan sumamente duro. Me pase la vida solo por el mundo, pero no aprendí nada. Probé la comodidad, y ahora simplemente soy el perro que abandonan en el kilómetro 115 de la A1 dirección Burgos, sin ningún sitio a donde ir. Ningún instinto básico sale a la luz. Preguntándome quien soy, y como poder sobrevivir.
Miro al lado de la cama y no hay nadie, pregunto si hay alguien detrás del sofá, pero nadie responde. Tenerlo todo ya no sirve nada, al menos a las 5.05 de la mañana de la madrugada del sábado para el domingo. 
Faigome vieyo poco a poco, y me pregunto si yo, voy a ser esas sobras que quedan después de que la gente buena sepa complementarse. Después, me pego una paliza y respiro hondo.
Poco a poco sigue aburriendo cada vez más la gente siempre, los mismos sitios, aunque jamás los cambiaría por nada del mundo. Ya no se como salir del círculo este que tengo entre ceja y ceja, que se llama cerveza e intentar ser el rudo al que nadie se le acerca, salvo la gente que sabe que no muerdo.
Difícil papeleta, como difícil es intentar disfrutar de todo esto desde la soledad más extrema, que te entra desde la calva hasta las uñas de los pies, dejándote de piedra, y cada vez más frío. Pero luego alguien te toca, y el calor vuelve a aparecer, aunque sea pasajero, para recordar que algún día, puede ser el día.
Ya no se viaja con lo que me gusta, y ya no se si debo abandonar todo, e intentar buscar un nuevo inicio lejos, o marchar a conocer países dentro del caracol que puede ser un camión, intentando rodar todas las calles europeas.
Ya no sé qué instinto seguir, como tampoco saber cual de los dos morancos me da más asco. 
La fiesta cada vez me deja con menos neuronas, y cada vez me deja sin más recuerdos, que intento atrapar entre los dedos. Y me duele ver que desaparecen y simplemente recuerdo que comí ayer. 
La música me apacigua y me hace pensar en futuros perfectos, y eso me hace sentir una especia de felicidad pasajera imaginaria. Pero luego se acaba y vuelta a empezar. La gente después me llama raro por norma general, y ojalá pudiera dejar de decir tonterías, y aparentar ser el de la mala ostia. Pero a veces cansa y hay que cambiar para hacer ver a la gente, que hay personas que pueden sentir demasiadas cosas.
Los velux son una puta mierda, siempre que llueve te despiertan, pero luego te hacen sentir a salvo, como cuando nos metíamos de niños en las cajas de cartón y decíamos que era nuestro fuerte y nadie podría franquearlo. Como el corazón, que luego se desarma.
El Rock'n'Roll esta bien para sacar la rabia, como también los acantilados cantábricos. Ya no sé dónde esconder todo eso, las alfombras están llenas, cogersa ya no traga tanta mierda. Así que tendré que buscar algún tipo de solución sin que nadie salga herido.
Y todo esto sin ningún tipo de sentido, para decir que ojalá no fuera tan grande, tan mala ostia, tan apartado y tan tímido. Y ojalá y solamente ojalá, fuera alguien tan normal como cualquiera que lee esto, y demostrar que la gente como yo quiere, y siempre quiere alguien que complete este puto desastre, que pende de un hilo cada día que sale por el marco de la puerta. Y ojalá algún día, apreciar todo lo que se tiene en la vida como hacía antes. 
El dinero es papel y algo es valioso, si tu quieres que lo sea.

An Open Letter To Myself


Mi carnet de identidad suele poner que me llamo Marcos, pero por normal general soy "Tochin" porque de niño me comía todos los bocadillos que podía soportar mi cuerpo.
Mi madre me echó un día de granizo y relámpagos en la capital del río Narcea, en la tierra prometida y única como es Asturias.
Actualmente vivo en una pequeña villa marinera de la misma provincia que se llama Candás, o el paraíso para mis sentidos.
Ahora es cuando podría decir que soy ingeniero técnico superior industrial y mundial, pero no, soy un ingeniero de volante o lo que vulgarmente se llama camionero. Y me suelo dedicar a conocer mundo, personas, y sitios donde se puede comer de puta madre, al fin y al cabo "Si ves camiones para, que se come mu bien".
Jamás de los jamases cambiaría la profesión por nada. Me permite mantenerme libre, dentro de lo que se pueda, no tengo horarios ni brújula.
Personalmente suelo ser una de las personas más complicadas que te puedes echar a la cara.
Dependo de una cosa sola, el pie con el que amanezca.
Soy de complexión enorme, tengo una nariz y unas orejas pequeñas que mi madre tan guapa me dejó, y me estoy poco a poco quedando calvo gracias a mi padre.
 Vamos, lo que se suele llamar un camionero.
Nací allá por el año 1987, y ya desde muy pequeñito imaginé que algo raro me pasaba, y era que no puedo vivir sin analizarme a mi mismo ni al resto de humanos que comparten mi vida.
Rudo y serio, y siempre con la mirada triste, aunque a pasarlo bien me suele ganar poca gente, la gente prefiere tenerme apartado por miedo a que los insulte, o les pegue, y todavía no se por qué.
Suelo estar en una cueva en forma de apartamento ático bastante acogedor, donde puedo resguardarme de todo lo que pasa ahí fuera, y sentirme a salvo.
De pequeño mis padres siempre decían que iba a salir ciclista, pero mi ilusión era jugar a fútbol, y después de hacer el ridículo en él hasta los 18 años, ahora simplemente me dedico a beber cerveza y escuchar música rock.
Me gusta viajar por encima de todo, y estoy enamorado de mi coche, en una atracción a primera vista.
Tengo alguna que otra pintura por el cuerpo desperdigadas, pero todas tienen algo que significar, aunque parezcan un auténtico sin sentido.
Mis amigos dicen que soy de la derecha férrea porque echo de menos todos los valores de antaño que hoy tanto nos hacen falta. 
Me gusta ensimismarme, y pasear con cascos y capuchas me hace sentir bien, y es uno de mis pasatiempos favoritos.
La lluvia no me gusta, como a los pobres gatos, pero me encanta el invierno.
Unos añitos también me dedique a trabajar en el mundo de la farándula, en las fiestas de pueblo con orquestas, o que aquí se llama vulgarmente "Fiestas de prao" donde pude comprobar que el ser humano con drogas y alcohol no tiene ningún tipo de límite y se convierte en un mero animal formado por algo de carne y huesos.
Cocinar me relaja mientras me tomo algo de alcohol, como en las películas perfectas donde la mujer se toma una copa de vino. Y referente a esto a medida que pase el tiempo, os voy a demostrar que los hombres sienten tanto o más que cualquier mujer, sólo que a ese tipo de gente les llamamos "Gays" para hacernos sentir un poquito mejor, y pensar que por decir eso, nuestro pene va a crecer unos centímetros de más.
Así que pasen y vean os invito a ver una cabeza y un corazón como si de libro abierto se tratara.