lunes, 19 de noviembre de 2018

It’s gonna be fun!

Me quedaría allí sentado viendo como cocinas toda la vida. La manera en que tienes de desconectar y a la vez pensar en todo que te caracteriza. Te pregunto en qué piensas, en nada, contestas, y sonríes. Pienso que todo va bien, y me relajo, una cosa totalmente inalcanzable para mi desde hacía, mucho, mucho tiempo. Los demonios poco a poco han decidido marcharse de mi cuerpo para dejar un ente despejado, relajado y positivo que se parece algo a mí. La capa de fuerza se ha ido, y ya me había cansado de tener la cara de enfadado, para poder mirarte con mis ojos inocentes, porque juro que lo son. Y aunque nadie me crea, siempre fueron así.
Cada vez que me despierto en la noche y te veo tan inocente con esos dientes de conejo asomar entre una boca que deja escapar inquietantes ronquidos, sonrío y pienso que el futuro a tu lado será sencillo, tranquilo y divertido, coloco mi enorme brazo cogiéndote y vuelvo a dormirme como un bebé en una tranquila noche después de darse un baño relajado con agua tibia. Después despierto sobresaltado con un abalanzamiento furtivo con un beso como destino para despertar con lo mejor que tiene la vida, y eso es el afecto, eso tan raro y que tanta falta me hacía para relajar mi enorme corazón, y tú muy bien supiste darme.
Como el llegar cansado y frío a casa a unas horas raras, y tú siempre tienes ese sitio para mi, de tu calor y tu olor tan característico , para automáticamente olvidar toda la mierda que hay fuera de esa puerta y teleteasportsrme a la relajación más absoluta, y a las curas más instantáneas.
Como cuando el estar al borde de ataque de ansiedad y tus palabras mágicas de “ven que te cojo” y yo voy como los osos a la miel, para poder sentir lo que es ser querido, tan real y tan sinceramente como tú lo haces.
Hay tantas cosas que me gustan de ti, y hay tantas cosas que haces para que mejore que tendría que estar escribiendo más de toda la noche, pero como tenemos toda una vida, mejor te voy contando poco a poco.