jueves, 5 de diciembre de 2019

Poner un título es difícil

Mi trabajo por normal general suele ser 99% ruina y problemas y un 1% una especie de torbellino que me activa y me hace poner los pelos de pita ponedora. Una sensación indescriptible que siempre persigo como los yonkis persiguen toda su vida el primer colocón, aunque por desgracia para ellos nunca lo consiguen. Mezcladle el sentido a la felicidad con una especie de sentimiento al ver un rio bajar cargado, bajando por ejemplo, por las inmensas cuestas de Teverga, es libre y fluye se escapa por cualquier rincón, como mi alma que luego vuelve a la realidad.
La tranquilidad de quedarme dormido con hardcore del 94 de Nueva York, y dejar que desaparezcan las ganas de estar enfadado, si hasta en entrecejo no se me arruga y a VOX tampoco lo considero a la izquierda de mis ideales. Puede que esta nueva época deje un Yo, incluso, hasta buen chaval que no se ríe de desgracias ajenas y que tiene la necesidad imperiosa de parecer imperturbable y duro hasta el final de los días. Quién sabe, incluso hasta voto a la izquierda de lo buena gente que soy, jaja, luego me vomito y a seguir con la circular típica de actualización de un blog algo olvidado a la par que descuidado, y lo siento por la estética porque prefiero emplear mi tiempo en algo realmente productivo.
Los días raros y de no rutina como este, me hacen descansar, y bajar del ritmo de vida loco que me envuelve, poder ir despacio, apreciar el árbol que mueve el viento, el niño que se me queda mirando como si fuera un superhéroe, saludo y le saco una sonrisa  y en el fondo creedme que soy eso.
Es tiempo de tranquilidad cansada, he dejado de tomar toneladas de cervezas, y me hago unos tés en casa que os quedaríais hasta acojonado, ayudo a a hacer deberes y ayudo a la gente a poner su vida en orden. Eso me hace sentir bien, sabía que dentro de mí había algo bueno, pero jamas esperaba esto como el que jamás había pensado que le iba a tocar la lotería y le toca. Me había acostumbrado tanto a ser un auténtico gilipollas que ahora mismo no me acabo de acostumbrar a ser algo, que no es poco, bueno para algo o alguien.
Estoy esperando una pizza en el fin del mundo, literalmente, matando el tiempo, no llegues a pensar que estoy demasiado inspirado, pero eso es como una hostia, nunca sabes donde la vas a encontrar, quizás aquí, quizás en Paris, quizás en Londres o quizás debajo de las sábanas en las que intento guardar tu calor al llegar al casa muerto de frío y cansancio.
Vivir esta vida me hace ser un poco más hipocondriaco de lo que soy de serie y me hace tener pánico al día que pueda perdérmela, que seguro que no será muy viejo, me da pena, pero voy a intentar aprovechar al máximo todas esas oportunidades que me da, recordar que la felicidad puede estar en alguien o puede estar en el paseo del vermú de un sábado soleado, en una patata Deluxe pequeña y crujiente o quizás y simplemente quizás en el último hueco de un cerebro lleno de problemas.
Busca una vida tranquila y sencilla que los problemas ya vienen solos a puñaos.