sábado, 26 de marzo de 2016

Un día ye un día.

Y al final los spaguettis con langostinos al ajillo estaban de puta madre y voy a creerme que soy un buen chef, pero luego pienso que la cerveza me nubla los sentidos y se me pasa y me pongo triste.
El corazón últimamente late normal, osea mal, tengo miedo hacer un electro porque me digan que está patas arriba. Como el gato de schredinger, el corazón puede estar bien o mal depende de si abres la caja o no.
El alcohol últimamente no me hace nada, y aunque me lo paso como los indios haciendo el indio, llegar a casa y colgar las chapas como si de una victoria se tratara, ya me parece penoso.
La crónica de una vida recién contada de una extraña forma de ser que cada día me hace sentir libre y enjaulado a la vez.
Me imaginé un infierno precioso en el cual todos estábamos en la gueta bebiendo sin control y sin falta de dormir, y eso me hizo sentir a salvo, como la autodestrucción que me invade y me hace sentir en casa, como esa voz que te dice te quiero, incondicional y sin miedos.
Y ojalá cambiarle al diablo todo el trabajo, la casa, el coche, la mala ostia, los gayumbos y las ganas de matar, por un buenos días ajeno, de una persona libre debajo de un puente, de un 18 de diciembre helado en anchorage,  alaska.
Esto ya empieza a ser aburrido, el perro que se queda en la cuneta y nadie se acuerda de él ya no forma parte de la novela especial de mi vida.
La montaña rusa en la que te subes al conocerme, y tan raro como un pulpo en un garaje, me hacen sentir pánico de mi mismo, la ansiedad lo invade todo, y no me deja respirar, como la cabeza hace influir a tu sistema nervioso y respiratorio, dejándote helado y sin una medicina que curar, nada más que la de alguien que te diga calma.
Y así se acaba la semana, como todas las otras, y aunque hoy sea sábado noche para mi seguirá siendo domingo, donde se diferencian los días depende si estés borracho o no. Penoso pero cierto.
Y si te cruzas conmigo seré optimista y te hablaré de la mayor de las juergas que nos corrimos el día anterior, pero por dentro pensaré lo que hecho en falta quedarme en casa viendo una película y comiendo cosas gordas. Porque en el fondo eso es lo que da la vida, y hace calmarse a ese corazón enorme.
En el fondo y solo en el fondo, hay algo bueno que se puede sacar, y no la deficiencia y ceguera de un tío grande con ganas de matar.
Y aunque todo sea demasiado abstracto, acuérdate de aquel día de pedo, que prefería estar viendo el amanecer de un día cualquiera de invierno, mientras detrás la gente bailaba al son de una bacaletada cualquiera, porque ese soy yo.  Hay 24 horas para beber y divertirse, pero sólo 10 minutos para ver el sol ponerse y gozar de la esperanza de que un día todo cambiará. Y aunque no sea así, la fé de creer nos mantiene con vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario