Y ahí estaba yo, sentado en la cocina, sujetando un café, y mirando una y otra vez el reloj como pasaba rápido, como un condenado a muerte, intentando sujetar ese momento como el que sujeta un elefante con unas pinzas. Y ahí estabas tú , impasible, tan dura y férrea como estabas hecha. La edad no pasaba por ti como tampoco tus ganas de darlo todo por tu familia.
Yo preguntándome cómo podías ser tan fuerte. Toda la familia a cargo y aún con fuerzas de hacer detalles y ofrecer felicidad a la casa. Y yo que sólo me preocupo por mover un volante aquí llorando como un bebe sin comida. Hay mucha gente a la que admirar y yo te escogí a ti de entre todo el mundo. Hay gente que sufre y vive en silencio y eso digno de admirar más que cualquier actor o deportista, la realidad que te abre los ojos y en la que siempre puedes tener fé.
Vamos a cogernos a la vida cómo si fuera la última oportunidad que nos diera, después de tantas y tantas cagadas, yo soy un pilar fuerte, con toneladas y toneladas de hormigón que por mucha distancia que nos separe siempre estaré firme, y eso es lo único que puedo prometer a alguien en este mundo.
Sabes que te estaba mirando mientras cocinas, sabes que me fascina, y algo te sobresalta y es mi cara de sabueso, una gorda y caída con pena, buscadora de mimos profesional, a las que no te puedes resistir. Algo tan básico como una caricia nos hacen representar hacia al resto que todo va bien, que los sentimientos no han cambiado, y yo soy un yonki, porque los quiero tener siempre, y a todas horas, a poder ser.
A pesar de tener 32 años de nada, ya he visto tantas cosas, me ha tocado pasar tanto, y me he pasado tantas noches despierto como tratar de tú a tú a la vida y la muerte que ya uno cansa, y no se sorprende de absolutamente nada en esta vida, bueno sólo sé de una que me hace una especial ilusión, a cada momento, cada parpadeo y es de verte a ti, y eso es lo peor de ti y de mi.
No hay comentarios:
Publicar un comentario