sábado, 24 de septiembre de 2016

Guapa.

Los trenes me mantienen totalmente en una especie de trance en la que me cago en su puta madre. Que cansancio por dios, que calor, que poco rexona utiliza la gente.
Cada vez veo a más gente fuera de su casa en gran ciudad y cada vez pienso que están más vacíos por dentro, fingiendo un sueño a través de esta puta mierda llamada redes sociales. La gran ciudad está de puta madre para verla apenas un día escaso, hacer fotos buenas, comer comida rara, que siempre acaba siendo McDonald's, y ver ojos de jóvenes vacíos hasta la saciedad de una vida, o el precio de vivir fuera de su hábitat,  como cuando sacas a un tigre alfa de su manada y le haces parecer débil e indefenso dentro de esos ojos que miran.
A mi sin embargo lo de fingir ya hace años que me paso de moda, y ahora simplemente pienso ser real, pensar con la cabezona y demostrar donde se está uno agusto.
La gran ciudad me tira de los cojones, no me comprareis con cerveza barata, ni rusas rubias paseando, yo soy de donde soy de donde el frío inunda todo nuestro cuerpo, donde la lluvia nos deja calaos pa toda la semana. Donde el mar se funde con uno mismo los días tristes de paseo e insimismamiento.
Mi tierra no tendrá un montón de cosas pero tiene cariño y afecto, donde un te echamos de menos vale más que cualquier de tus tiendas caras, donde gati y mimos valen más que cualquier cosa que me pueda ofrecer un paraíso fiscal para los millonarios mientras los currantes no llegan ni a pagar su propio alquiler.
Gracias una vez más por soltarme donde me soltaste, gracias una vez más por dejarme ser como soy,  sin una careta de aparentar y gracias por dejarme ser una persona tan libre, como aquellas despedidas, furtivas, en un portal de la pequeña, pero querida villa ballenera.

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