Al final estrené mi taza de Star Wars, de esas que vende la repsol por pavo y pico
El olor a café me recuerdan un montón de mañanas sin dormir, esas ojeras perpetuas de una mirada pérdida, y perdido como el dueño.
Esta casa cada vez me parece más acogedora, aunque prefiero un abrigo de un bar cutre lleno de viejos tomando vino.
La niebla no deja ver el día tan maravilloso que hace, por encima de la niebla no hay ni una sola nube, como yo que hago un manto de ella cuando no quiero que nadie me conozca en la realidad. Descafeinado solo, como el amanecer de este domingo, nuestro día favorito de la semana.
La última cerveza de ayer yace postrada a medio beber en la mesita, y al otro lado una lámpara a medida gas que hace que esto sea acogedor, tanto como una manta de autodestrucción que te hace sentir tan cómodo como dentro de este nórdico que hoy me da ese calor de finales de octubre que tan bien viene para el cuerpo.
Me siento feliz de que todo el mundo quiere verme cuando llegó a casa, y me da pena no poder partirme y darles un poco a todos y cada uno de todo lo que merecen. Cosas así alegran el corazón, solitario y dolorido que cada día vagabundea por este mundo, incrédulo, como los votantes de Podemos.
Últimamente el no dormir nada se ha vuelto la rutina de este paisano enorme cansado ya, de sabe dios que, porque todo va más o menos bien, el alcoholismo no me vence al igual que las falsas ilusiones de felicidad.
La gente suele odiar los domingos y para mi, como todo el mundo sabe es mi dia favorito. Madrugo algo me tomo un café, escribo, y dejo que la soledad me meza poco a poco dejándome ir en una especie de trance poco útil pero perfecto. Poco más tarde iré a lavar ese coche que tanto quiero, tanto adoro y tanto me costó pagar. Sintiéndome una especie de felicidad y libertad de apretar ese acelerador y simplemente el mero hecho de poder irme a cualquier sitio y abandonar la vida si quiero me hace sentir libre cual búho pasando a sus anchas por un bosque frío, oscuro y solitario. El vermú por norma general, con familia y amigos juntos me hace sentir feliz, me hace parar, no escuchar, sonreír y hacer una fotografía mental para cuando más me haga falta, siempre en la cartera mental para cuando todo vaya mal, poder verla y decirme a mi mismo que todo irá bien.
Siesta dura y levantarte con el sabor a resaca que deja el Martini de color con gotas de Ginebra, chandal y a pasear, sentir la soledad de esta villa marinera en invierno es lo que más calma este corazón, y cada dia que pasa estoy más orgulloso de vivir en un sitio tan privilegiado como este, paseo corto con Música, pensarlo todo y al bar con un amigo que será siempre fiel y me hace sentirme bien y ser quien quiero ser y el que aunque no lea estas mierdas un día por semana me dijo la frase más perfecta que alguien me puede decir.
"Ojalá estuvieras aquí todos los días"
domingo, 30 de octubre de 2016
Saturday night fever
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario